viernes, 15 de febrero de 2008

El 'ritmo orquídea' de Hugo Blanco

Leí hace un tiempo en varias reviews que ‘La banda pan-caribeña Ska Cubano establecía algo así como un nuevo hito en la fusión de músicas de esas latitudes.’ Con todo el respeto al grandioso sonido ska-son-cumbia de los del guiri Natty Bo, esto es una exageración, o una injusticia para con una de las leyendas vivas de la música venezolana, y uno de los más afamados intérpretes, compositores y productores de lo se llama con poca fortuna ‘Ska Ye-yé’ en medios hispanohablantes, o con la más acertada etiqueta anglosajona ‘Vintage Spanish Ska’. Hugo Blanco fue uno de los primeros en combinar, con éxito internacional como demostrarán estas líneas, los ritmos criollos con las músicas predominantes en los circuitos comerciales. De este modo Venezuela y Jamaica comparten, como veremos, algo más que un pasado indígena Arawak.

Nacido en Caracas un 25 de septiembre de 1940, se crió en un entorno muy musical, sobre todo de la mano de su tío José Manzo, compositor y arreglista. Creció escuchando ópera, merengue, los clásicos venezolanos, los fantásticos mambos de Pérez Prado o los temas para bailar de Luis Alfonso Larraín. Cuando sólo contaba con doce años, el inquieto Hugo ya había ahorrado, del dinero que sus familiares le daban, suficiente para comprar un viejo cuatro por la irrisoria cantidad de 15 bolívares. Un cuatro es un instrumento musical similar a la guitarra pero con cuatro cuerdas en lugar de seis, de origen renacentista y elaboración arcaica, normalmente en maderas de baja calidad, excepto el diapasón, por razones de durabilidad. Sí, yo también tengo diccionario. Esa misma noche, ya compuso su primera canción. Sorprendidos por su talento natural con las cuerdas, y su capacidad de imitación de todos los músicos que escucha en la radio (y por qué no decirlo también, por la popularidad que sus capacidades le habían ganado entre las féminas de su edad), su tío insiste en que se centre en los maestros de ese instrumento. Una vez dominado, se decidió a aprender a tocar el arpa, pues lo consideraba más versátil y de sonido más fino. Además un vecino suyo tenía uno y podía pedirlo prestado. Fue en estos años cuando comenzó a interesarse por los ritmos autóctonos del Caribe: En esos tiempos casi no había conjuntos de música criolla, pero Hugo formó junto a unos compañeros uno en el Liceo Aplicación, obteniendo bastante éxito en el medio estudiantil, y ninguno en ventas con su único larga duración ‘Arbolada’. Con ayuda de su tío y del también músico Francisco ‘Gonzalito’ González, fue ganándose un nombre como hábil intérprete de lo que los ingleses llaman strings. Es decir, todo el abanico de instrumentos de cuerda. Grabó varios LPs para diversos estudios de la capital, como Grancko o el Palacio de la Música. Era por aquel entonces, junto con ‘Chelique’ Sarabia, la mayor promesa de la música caraqueña.

No había llegado a la mayoría de edad cuando el éxito llamó a su puerta, con la que es sin duda la melodía venezolana más famosa de todos los tiempos: ‘Moliendo Café’. Él mismo nos comenta cómo se gestó el hit: “Me sucedió una vez que, luego de escuchar el sonido que emiten las claves, me provocó incorporarlo a un ritmo que yo había creado; el ‘ritmo orquídea’. Aunque era la fusión de muchas músicas caribeñas, los músicos que me acompañaban en los ensayos pensaban que yo estaba loco por meter un sonido de corte cubano en la música criolla. Al final lo hice porque me gustaba…’. Muchas veces le han preguntado el porqué de ese título: ‘…resulta que el ingeniero de sonido con el cual yo trabajaba tomó la frase café molido de una lista de la compra que tenía a la mano. Este título no me desagradó, el único cambio que hice fue darle un poco de movimiento, hasta llegar a ‘Moliendo Café’. Como Hugo era menor, no podía registrar el tema a su nombre, así que fue su tío José Manzo el que lo hizo, y hasta hoy se mantiene la polémica sobre si fue Hugo sólo o fueron los dos los que compusieron el tema. En cualquier caso, el tema vio la luz en el sello Palacio, con los nombres de ambos en los créditos. La melodía de esta gran instrumental atrajo la atención de la famosa vocalista chilena Mona Bell, quien le pidió la letra para cantarla, y al confesar éste que no la había, se dirigió a Hugo Blanco en estos términos: ‘No sé que vas a hacer, pero me le haces una letra, porque este tema es hermosísimo, nostálgico y muy bello. Espero por ti’. Así que hubo que improvisar de un plumazo la letra que hoy conocemos, y que han cantado más de 800 artistas, desde Julio Iglesias hasta Lucho Gatica, aunque uno personalmente se queda con dos, la de Malarians porque la cabra tira al monte, y sobre todo la fantástica adaptación de Nat ‘King’ Cole. Ahí va la letra:


Cuando la tarde languidece renacen las sombras
y en la quietud de los cafetales vuelven a sentir
esta triste canción de amor de la vieja molienda
que en el letargo de la noche parece decir.

Una pena de amor y una tristeza
lleva el zambo Manuel en su amargura,
pasa incansable la noche moliendo café.


La tarde paso tranquilo en mi cafetal,
recuerdos, sueños, yo te perdí, mi vida,
mis penas ahogo moliendo café.

Una pena de amor y una tristeza
lleva el zambo Manuel en su amargura,
pasa incansable la noche moliendo café.


El éxito de ‘Moliendo Café’ le llevó a recorrer con su banda toda Latinoamérica y después por Estados Unidos, siguiendo los pasos del afamado Alfredo Sadel, que había logrado un contrato para trabajar con la Metro Goldwin-Meyer. Una gira pan-americana que, a mediados de los 60, pasó por la isla de Jamaica. Allí quedó prendado el joven Hugo de los sonidos que triunfaban en la isla, y especialmente, como él mismo asegura, de Byron Lee y sus Dragonaires, Desmond Dekker y Jimmy Cliff. Y por supuesto conoció como trabajaban productores de la talla de Coxone Dodd, Duke Reid o Edward Seaga. A pesar de no tenerlas todas consigo, sobre todo por el cambio de tempo que suponía la música criolla, en general de 3 tiempos, en la música que triunfaba en el momento tanto en Venezuela como en el resto del Caribe, siempre de cuatro, decide montar la primera banda de música ska-reggae de Venezuela, y lo hace apostando por los cuatro hijos del pianista de una famosa banda llamada Billo’s Caracas Boys, de nombre Pat O’Brien.




Los cuatro hermanos O’Brien eran Kenny y Gary – guitarras y coros -, Brenda – batería y voz - , y Marlene – bajo y voz -. En un principio se llaman The Four Coins, pero al cabo de un tiempo Hugo pensó que dado que la banda iba a ser la primera en cantar en castellano, debería tener un nombre ad-hoc, y de ahí el cambio a Las Cuatro Monedas. Se unían de este modo a la corriente musical iniciada por Toño Quirazco, y seguida por muchos otros como Los Yorsy’s, Ronni Montalbán, Ely Combo o incluso Los 3 Sudamericanos. Si bien en su repertorio también había mucho soul, sin duda con los Jackson 5 y el sonido Motown como referente, Hugo Blanco siempre quiso llevar a Venezuela esa ‘energía positiva que el ska y el reggae proyectaba’. Debutan con el LP ‘Las 4 Monedas a Go Go’ (1968), seguido de dos secuelas (Vol.2 y Vol.3) al año siguiente. En 1973 se une el pequeño de la saga, Gregory, como voz principal, en el LP “Las Cuatro Monedas presentan a Gregory’. No es que se devanara los sesos con los títulos de los discos el bueno de Hugo…Tuvieron bastante éxito, y se dice que compartieron escenario hasta con la mismísima Lola Flores. Gran bolo ese, ska goes arriquitaun...En todos esos trabajos revisan clásicos como ‘La Balsa’, que es para muchos el tema con el que da comienzo el rock argentino, o el superclásico de Otis Redding ‘Respect’. Pero sus mayores éxitos son los que toman ritmos sincopados, como ‘Ritmo del Alma’, versión del ‘Soultime’ de Byron Lee, la de ritmo pegadizo ‘Caminando Por La Calle’, pero por encima de todo dos versiones como ‘Buena Suerte’ (el ‘Shanty Town’ de Desmond Dekker), ‘Lo Consigues Si Lo Quieres Tú’ (‘You can Get It If You Really Want’ de Jimmy Cliff), o el calipso popular ‘Shame & Scandal In The Family’. Se presentaron a varios concursos, con gran éxito. ‘Yo Creo en Dios’ venció en el Festival de la Canción de Barcelona en 1969, En 1975 ganan el X Festival de Canción Venezolana con ‘Me duele decirlo’ y en el 1976 quedan segundos en la OTI (¿ganaría Francisco?) con ‘Soy’. Esta moda que se dio en llamar ‘Nueva Ola’ fue más bien una única ola, pero en el recuerdo quedan todos estos buenos temas, y aún hoy los podéis escuchar en numerosos saraos jamaicanos, souleros o musicalmente desorganizados, que son los más divertidos. Un género muy agradecido éste del Vintage Spanish Ska, pero del que no conviene abusar en mi opinión, pues resulta a veces empalagoso.


Volviendo a Hugo Blanco, y tras el enfriamiento de esa especie de fiebre de lo jamaicano, siguió componiendo y produciendo jóvenes valores de la escena musical venezolana, en especial junto al cantante Simón Díaz, y a su hermano humorista, José Díaz. Contrajo matrimonio con Ana Isabel Aranguren, con la que tuvo tres hijos varones, Hugo David, Hugo César y Hugo Raúl (así era más fácil llamar a todos a comer…). Seguramente esta paternidad le ayudó a arriesgar en el mercado de la música infantil, primero con un grupo llamado ‘La Rondallita’, y después con ‘Los Hijos de Ñá Carmen’. El ‘ritmo orquídea’ siempre presente, por supuesto. Una grave enfermedad renal, que a punto estuvo de terminar con su vida, lo apartó de su prolífica actividad, y hoy día vive un plácido retiro, plagado de reconocimientos, premios, buenos recuerdos y sobre todo, con un legado musical del que estar orgulloso. Grande Hugo!

1 comentario:

Mar dijo...

Hola Chass. Excelente esta semblanza del Maestro Hugo Blanco. Estoy preparando un post en mi blog http://pandomar.blogspot.com para compartir un disco de Hugo Blanco. Por ello buscaba una buena semblanza en la red, revisé la de wikipedia, pero no me gustó. Y cai aqui en tu blog. Es fascinante la manera como vas "echando el cuento". Te felicito por ello, y te pido permiso para colocar en mi blog, un enlace a esta entrada.
Reitero mi enhorabuena.

Mar [pandomar@gmail.com]