martes, 26 de enero de 2010

Lyn Taitt: Los ángeles bailan rocksteady

No va a haber modo alguno de disociar 2009 de la trágica muerte de Michael Jackson, y no es momento ni lugar para parrafadas del tipo “MJ murió musicalmente en el 83, o en el 85, o en el 86…”, os la ahorro para evitar que cerréis este blog sin llegar al final del primer párrafo. El caso es que la muerte del ‘rey del pop’ oscurece en cierto modo el hecho de que en sólo un año hemos perdido muchísimas personalidades de nuestra amada música añeja de tintes negroides. Lógico, si uno piensa que los saludables jovencitos de las portadas de nuestros singles rondan hoy día los 80 y sí, la esperanza de vida ha crecido, pero no tanto. No serviría de nada rasgarse las vestiduras o buscar chivos expiatorios que impiden que salga a la luz la gloria de las estrellas olvidadas. El caso es que la situación es ésta: Nuestros ídolos se mueren, la mayoría de viejos, así es la vida, no deja títere con cabeza. El que quiera recordarlos, que lo haga y el que no, a buscar al próximo negrito que quiera sonar como blanquito, o viceversa. Yo soy de los primeros, pero sin aspavientos, que no hay para tanto.

Hablaba de la plaga del 2009, sobre todo de octubre a fin de año, cuando visitar una web de música negra era prácticamente escribir mentalmente el deceso de otro músico más de esos que salen en la contraportada de mis LPs. Como ejemplos podrían citarse a Uriel Jones, el batería de estudio de Motown, el tipo que construía en el aire el esqueleto sonoro de “Ain’t No Mountain High Enough” y tantas otras; Randy Cain, segundo vocalista de los Delfonics, cuya voz de pito escuchamos en la original de “La La Means I Love You”; Bob Bogle, guitarrista de la mítica banda de surf The Ventures, cuyo legado va más allá de estilos y épocas, ríase usted del Guitar Hero y sus botones de colores; el frontman de los príncipes del doo wop The Flamingos o el mismo líder de los Four Aces, Johnny Carter, uno de esos señores antiguos a los que la clase se le derramaba a borbotones. Entre todos, y añadiendo a los jamaicanos Sonny Bradshaw, trompetista del primer jazz jamaicano, y el irrepetible Wycliffe ‘Steely’ Johnson en la producción (la mitad exacta de Steely & Clevie), sale un Dream Team para ganar tres o cuatro olimpiadas seguidas. Santa Compaña Combo, si se me permite el humor negro, más por lo negro que por lo jocoso.

El caso es que dejamos atrás ese annus horribilis y empezamos el 2010 con renovada ilusión, deseando una pronta – aunque difícil, a tenor de las informaciones – recuperación del King of Ska Prince Buster, y cuando no han pasado ni 20 días ya nos llevamos el primer mazazo. Tras unos momentos de incertidumbre la noticia se confirma en todos los foros: Lyn Taitt acaba de morir en Canadá, víctima de un largo y sufrido cáncer. Y éste no es un cualquiera, éste es de los grandes. Bien empezamos.

Contrariamente a lo que pudiera parecer el bueno de Lynn no era jamaicano. Nacido en San Fernando bien pudo haber sido gaditano, pero la vida le colocó en la isla de Trinidad. Es decir que dado su talento natural, a la tierna edad de 14 años ya andaba haciendo sus pinitos en varias steel drum bands, formaciones locales que aún pueden encontrarse por toda la isla (y menos en el continental Tobago), y que usan casi cualquier cosa para hacer sonidos con los que tocar en hoteles, puertos, parques públicos o allí donde el turista deje una moneda de un dólar en la funda de una guitarra. Si habéis oído una de las cientos de versiones del clásico “Rum and Coca-Cola”, y no es la de Julio Iglesias, tenéis un buen resumen del Trinidad de aquella época. Allá donde tocaba Nerlynn Taitt, las bocas se abrían, las palmas sonaban y la funda se llenaba de yankee coins. Pronto alcanzó tal fama que llegó a oídos del pirata musical más listo que el Caribe ha dado hasta la fecha: el gran Byron Lee, que lo contrató para los actos festivos por la recién lograda independencia de Jamaica. Allí conoció el nuevo sonido, el ska, y trató con sus primeras estrellas: Tommy McCook, Baba Brooks, Don Drummond… Con los dos primeros llegó a grabar, pero antes pasaría por bandas menores, como The Sheiks o The Cavaliers. Sin embargo su primer éxito lo tiene con The Comets. El selector del sello Merritone Winston Blake llegó a decir de Taitt que “era tan sencillo trabajar con él que más que un músico era un músico para los músicos, un profesor”. En esos años, si preguntabas cual era la mejor banda para bailar de Jamaica, muchos te hubieran dicho “The Comets!” Tan sólo los de Drummond los superaban en fama, y tan sólo el genial Ernest Ranglin se le acercaba en su virtuosismo con las seis cuerdas.



Tras unos años de frenética actividad, tanto por el ritmo endiablado que adquiere el ska como por la profusión de grabaciones para su banda y para otras, entre los que destacan los mismísimos Skatalites, llegó uno de esos momentos clave que cambiaron la historia de la música jamaicana. El teclista Winston Wright y Taitt decidieron unirse para formar una nueva banda, en la que entraron también el vocalista Hopeton Lewis, Hux Brown, Headley Bennett y Gladstone Anderson. El nombre, muy a la moda de los sesenta: The Jets. Pronto serían más conocidos como Lynn Taitt & The jets, pues este modo de tocar tan suyo, tan diferente a todos los demás guitarristas, era lo que necesitaba un sonido que estaba a punto de nacer: el rocksteady. ‘Take it Easy’, llegó como un huracán con un nº1 en las listas. La gente se volvía literalmente loca en los sound-systems. Con la batería y los ritmos más pausados, la guitarra de Taitt entraba como cuchillo en mantequilla caliente, cortando suavemente todas y cada una de las notas, ensalzando las voces, mejorando todo el conjunto. Aparte de las impresionantes cualidades técnicas de Taitt, su éxito radicó en saber compaginar los estándares jamaicanos a su cultura triniteña, es decir que el rocksteady de The Jets lleva esa suavidad tan del calypso pero es a su vez tan bailable como cualquier otro dance craze jamaicano. De nuevo se disputaba el cielo musical con un skatalite y su nueva banda, los Supersonics de Tommy McCook.



Se cuentan por cientos las grabaciones de los Jets en esa época, y todos los productores querían prensar temas de Taitt: Bunny Lee, Coxone Dodd, Duke Reid, Joe Gibbs, Sonia Pottinger… Todas las estrellas de la época buscaron y lograron su hit con la guitarra del bueno de Lynn, desde Alton Ellis, Derrick Morgan, Ken Boothe, Desmond Dekker, Bob Marley…con todos grabó. Temas que conoces de sobra como ‘Girl I’ve Got a Date’ o ‘Tougher Than Tough’ llevan la impronta del genial guitarrista.

Para Carlos Malcom “Taitt fue el inventor del ‘lick’ de guitarra de acompañamiento. También inventó eso de doblar al bajo, tan característico del rocksteady. Es increíble cómo un músico sin apenas formación tenía un instinto tan grande como para convertirse en un gran arreglista”.



En 1968, con una lucidez fuera de lo normal en aquellos días, aceptó emigrar a Montreal, Canadá, para liderar la banda “patrocinada” del West indian Federated Club. Así, vivió desde la barrera el ocaso del rocksteady y el nacimiento del reggae, los episodios de violencia, la caída de los antiguos productores y el auge de los nuevos, la crisis económica y social de Jamaica. De su estancia en Canadá se conoce aparte su colaboración en algunos de los últimos ¿éxitos? de Johnny Nash, por ejemplo ese “Cupid” que ha recobrado fama de la mano de Amy Winehouse en su Ska Ep, prolongación del LP ‘Back To Black’, y su aparición en 1999 en el disco de los de Lorrain Muller a.ka. the Queen of Ska, The Kingpins ‘Let’s Go To Work’, que os recomiendo fervientemente. Como es difícil de encontrar, podeis buscar el recopilatorio All-Skanadian Club, que tiene 3 volúmenes, todos ellos de finales de los noventa.

Volviendo a Taitt, sorprendentemente reunió a The Jets para un concierto revival dentro del festival de Jazz de Montreal en el 2002. Repetiría presencia cuatro años más tarde con el combo creado para la ocasión Fabulous Lolo Sings Rocksteady. En ese mismo año salió un documental titulado “Lynn Taitt: Rocksteady”, cuyo tráiler os recomendamos:



El productor local ‘Mossman’ Raxley, señalaba que “en Montreal nunca dejó de trabajar por y para la música, ya fuera como arreglista o compositor, ya fuera reggae o calypso, o bien ensayando y tocando con las bandas locales”.
Los últimos dos años los vivió apartado de la música debido a un cáncer muy agresivo que ha acabado finalmente con su vida este pasado 20 de enero. Descanse en paz, y sobre todo eternas gracias por haber dejado grabado el sonido de tu guitarra. Los ángeles ya pueden bailar rocksteady.

4 comentarios:

Mia dijo...

Bonito homenaje a uno de mis favoritos CHASS :) Grácias por hacerme pasar un buen rato leyendo tu post, y que envidia me dan los ángeles...

Miss Lulu

Chass dijo...

Lo merece...esa manera sublime de tocar la guitarra!!!

Me alegro de que te guste, y de que nos leas.

Saludos!

The Golden Singles Records dijo...

Gran articulo, si señor...
Ahora mismo me voy a escuchar un vinilazo suyo!

Ana María López dijo...

Excelente artículo, muy meticuloso y extenso =)

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